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¿Qué es un Fundador?

“Roma no fue construida en un día”. Esta exhortación a la paciencia y la perseverancia suena a verdad. Esto explica su éxito. Sin embargo, es falso: Roma se construyó en un día. De hecho, el relato mítico del nacimiento de Roma informa que Rómulo, el fundador de la ciudad, trazó, en pocas horas, un surco para marcar los límites dentro de los cuales se construiría la ciudad. Este gesto de delimitación es un gesto fundacional. Fundar una empresa es una aventura infinitamente más modesta que fundar una ciudad. Pero la comparación entre estas dos formas de fundación es fructífera; muestra la importancia del gesto fundamental que, trazando los contornos de la empresa, traza su futuro.

Cada creador de negocios tiene algo para recordar de la historia de Rómulo. El historiador romano Tito Livio ya había señalado la virtud pedagógica de este relato, ya que lo considera indudablemente falso, pero rico en virtudes poéticas. En definitiva, la fundación de Roma por Rómulo es mítica y, como todo mito, es una mentira que dice algo cierto. Resumamos los siete consejos que un emprendedor puede retener de esta mítica base.

1. LA VISIÓN

Rómulo tiene una visión. Donde no hay nada, él ve algo. Pero tiene una visión, no un plan. En esta perspectiva, se concentra más en el objetivo final que persigue que en sus medios iniciales. Este ejemplo muestra que lo importante no es tanto los medios para llegar allí, sino tener esta visión u objetivo final y utilizar los medios a su disposición para comenzar a escribir su historia.

Al joven emprendedor, le diremos: no te comprometas si no tienes visión y empieza con lo que tienes.

2. LA MISIÓN

Rómulo tiene una misión: construir una ciudad. Su plan puede cambiar, pero su misión no. En esta perspectiva, es una exhortación silenciosa a mantener un espíritu de conquista. Dicho esto, para que la misión permanezca, incluso si el plan falla, debe estar respaldada por una visión.

Al joven emprendedor, le diremos: no intentes hacer un movimiento, para crear un producto único, pero crea una marca, una empresa real con su propia identidad.

3. LOS VALORES

La identidad de Roma está ahí desde el primer día de Roma: Rómulo es hijo de Marte y mata a su propio hermano. No hay muros que contengan su ciudad, pero sí unos principios fundamentales. La ciudad de Rómulo es una ciudad de fuertes principios, lo que permite distinguir entre los que adhieren y los que no adhieren. Su Roma es una ciudad donde uno es conciudadano de otro conciudadano. Muy a menudo, los valores de una empresa están implícitos. Y eso está bien. Más bien, el problema es que a veces puede haber una brecha entre los valores profesados ​​y los valores manifestados. En este caso, la empresa puede encontrarse con un verdadero problema de identidad, porque los valores permiten elecciones rápidas y coherentes, lo cual es buena parte del trabajo del emprendedor. Rómulo, él sabe decidir.

Al joven emprendedor, le diremos: no olvides tus valores y haz que se difundan.

4. SOLEDAD

La contrapartida de los valores, implícitos o explícitos, es que nos distinguen unos de otros. Como resultado, el espíritu empresarial aislará doblemente al empresario. Por un lado, la exacerbación de su elección de valores le creará tanto “enemigos” como amigos. Los enemigos en el mundo guerrero de Romulus son peligrosos. En el mundo de la economía, los enemigos son raros, muy a menudo, son abstractos y toman la forma de la indiferencia: la indiferencia de aquellos que no creerán en la aventura del empresario. Los amigos en el mundo de la economía son los que comprarán este proyecto en particular, lo alentarán y lo impulsarán. Por otro lado, el emprendedor tendrá que mantenerse en la cima para defender sus valores – Romulus no puede delegar la responsabilidad de matar a Remus en nadie.

Al joven emprendedor, le dirá: aunque te sientas solo, no estás solo ya que hay quienes creen en tu proyecto y quienes pueden animarte ya sean tus amigos, tu familia o tus compañeros.

5. REALISMO

Afortunadamente, el empresario nunca tendrá que matar a su hermano para desarrollar su negocio. Tenga en cuenta que dos historias fundacionales de Occidente, el nacimiento de Roma y el conflicto entre Abel y Caín, son historias de fratricidas. Y, en ambos casos, los asesinos construirán ciudades. Queda una diferencia entre estos dos relatos: en la historia de la fundación de Roma, la muerte de Remo es ambivalente: no se sabe si es algo bueno o malo para Roma. Desde un punto de vista ético, esto es malo y Rómulo, abrumado por el remordimiento, entierra a su hermano con el debido respeto. Pero, desde un punto de vista utilitario, este asesinato valida y consolida los valores de Roma: Roma tiene un límite, quien lo cruza se opone a la comunidad y ya no está bajo su protección.

Al joven emprendedor, le diremos: la historia de Rómulo puede recordarnos que nada grande se logra sin esfuerzo.

6. LA ACCIÓN

Rómulo, al final de su primer día de trabajo dibujó, con un arado, los planos de una ciudad, luchó con su hermano, lo mató (con este arado) y, al hacerlo, manifestó los valores de su empresa. En cierto sentido, para la empresa naciente, la fase de diseño y la fase de ejecución nunca están separadas: se superponen: el emprendedor diseña mientras hace y ejecuta mientras dibuja los planes.

Para los jóvenes emprendedor, le diremos: no tenga miedo de tomar acción incluso si todos los contornos de su negocio no están perfectamente trazados.

7. OPORTUNISMO

Finalmente, hay que reconocer que la experiencia romana es una soberbia manifestación de esta idea de que no hay condición previa para la posibilidad de emprendimiento Para resumir las cosas sin rodeos: Romulus es el iniciador modelo. Hace lo máximo con lo que tiene disponible: un arado. En esta perspectiva, un fundador debe mantener un agudo sentido del oportunismo que, en su caso, consistirá, sin desviarse de su misión, en ajustar su proyecto a los medios de que dispone. Esta concepción del emprendimiento a veces se describe como el triunfo, en los primeros años de una empresa, de la lógica “efectiva” sobre la lógica “causal”. Esta forma de organización temporal se basa en una aptitud específica del emprendedor: la disposición a la “persistencia inteligente”.

Al joven emprendedor le diremos: esta disposición aparece con la tiempo. Después de todo, Roma no se construyó en un día.

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