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4 actitudes de las personas exitosas

El éxito son, por supuesto, ideas, pero también son actitudes. El espíritu empresarial tiene tanto que ver con el contenido como con la forma. A veces se mantiene la línea entre el éxito y el fracaso y el posicionamiento del empresario de capital. Cuatro actitudes pueden ayudar a este último a concretar sus proyectos ya superar los obstáculos. Enfócate en estas cuatro caras del dado del éxito.

Saber anticipar para mejorar afrontar los obstáculos

Crear una empresa muchas veces significa empezar de cero y sin ninguna experiencia. Esta ausencia de bases debe compensarse con una idea casi obsesiva del objetivo perseguido y de los medios necesarios para alcanzarlo. Anticiparse a las necesidades y dificultades previsibles proporciona tanto las respuestas materiales necesarias como los recursos psicológicos para superar las cuestiones más agudas. A veces es difícil, ¡es bueno estar preparado! El emprendimiento está lo suficientemente sujeto a numerosas crisis perfectamente impredecibles como para que quienes se embarcan en él se sorprendan con los obstáculos intrínsecos a su proceso. La anticipación es la madre de la serenidad.

Perseverar en no arrepentirse de nada

Sólo cuenta el resultado. El espíritu empresarial es cualquier cosa menos un río largo y tranquilo. La perseverancia ante los contratiempos permite aprehender las situaciones desde nuevos ángulos y explorar caminos imprevistos. Lo importante no es tanto el camino recorrido como el destino. Perseverar es saber reinventarse, innovar, sortear y aceptar abrir nuevas puertas. Los empresarios más ilustres, Henry Ford, Bill Gates o más cercano a nosotros Xavier Niel forjaron su éxito en sus fracasos iniciales. El espíritu empresarial requiere apertura y agilidad mental, resistencia y una motivación extraordinaria. En una palabra, una suma de perseverancia.

Cuida de ti y de los que te rodean

“El que desee viajar lejos cuide su montura” . El cuerpo y la mente de un emprendedor son herramientas de trabajo imprescindibles. Lógicamente, los únicos y los primeros de quien se lanza. Pedirles demasiado es correr el riesgo de verlos fracasar en momentos cruciales. Se trata pues de encontrar el equilibrio personal, familiar, de ocio, deportivo y necesariamente de largas jornadas laborales que permitan aguantar en el tiempo. El emprendimiento es una carrera de fondo que requiere resistencia. Este último se forja respetando el equilibrio fisiológico y psicológico del corredor. ¡Una vida sana, un cuerpo sano y una mente sana! ¡Sepa conservar su principal herramienta de trabajo!

Sepa priorizar

La vida cotidiana del creador de la empresa se caracteriza por una abundancia de información sin precedentes. Algunos merecen un interés y una toma de decisiones inmediatos, mientras que otros pueden ser verdaderos escollos en términos de pérdida de tiempo. Saber priorizar es, cuando es posible, tener el arte de delegar las cosas adecuadas a las personas adecuadas. Se trata pues de cultivar su capacidad de distinguir los negocios a su nivel de los que puede gestionar un colaborador competente. La delegación no es en modo alguno una negligencia cuando está justificada y por el contrario asegura la disponibilidad del administrador para asuntos importantes. También le permite empoderar a su equipo. Parafraseando a Danton, ¡lo esencial, aún lo esencial, siempre lo esencial!

Anticiparse, perseverar, cuidarte a ti mismo y a los que te rodean y saber priorizar son cuatro actitudes fundamentales de el emprendedor inteligente. No son los únicos ingredientes para el éxito, sino un requisito indispensable para afrontar una aventura apasionante pero especialmente exigente. Actitudes a cultivar y desarrollar para forjar la personalidad del emprendedor exitoso.

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